-Debiste ayudarme a pasar el río
-Sí, quizás, pero no sabía que
querías cruzar, al otro lado no hay nada
-Que sabrás tu de lo que hay o lo que
no hay? Alguna vez fuiste?
-No, nada se me perdió en la otra
orilla, está lejos, hace frío y no conozco a nadie que haya cruzado
y haya vuelto a contarlo
-Mira alrededor, mira ese árbol, está
lleno de musgo, si te paras un momento y respiras, puedes olerlo,
cierra los ojos y huele, es ese olor húmedo, verde, de bosque
encantado de cuentos de princesas y duendes.
No abras los ojos aún! Siente el aire,
hoy no hace viento, pero si te paras a escucharlo puedes sentir como
te besa la cara, muy leve, casi imperceptible, y con él, también
llegan los olores de otros lados, de otras flores, de otros arbustos,
de otros momentos, esos olores que si dejas la mente en blanco,
puedes reconocer como olores de la niñez, piensa...aquel bocadillo
de manteca que con tanta parsimonia te daba la abuela, con el pan
recién sacado del horno, y su olor, mitad harina, mitad calor,
porque el calor huele, casi casi, puedes sentir como caen en la
manteca los pequeños granos de azúcar que le ponía con cariño,
porque el cariño, también huele, huele a ternura, a protección, a
amor, recuerda....salir de la casa corriendo con la merienda
preparada y nada más cruzar la puerta, bendita puerta que se atasca,
y no abre a la primera, para que no tengas prisa, ella, te deja ver
el mundo por el cuarterón, pero no te deja salir corriendo, porque
antes quiere que huelas el aire de primavera, y cuando traspasas ese
muro que te impide jugar con tu amigo preferido, antes, hueles el
olor a piedra y madera mojada de la escalera, lo sientes?
-Sí, que recuerdos pero...
-No abras los ojos, imagina que es un
juego
-No quiero jugar, para qué?
-Es un momento, después si quieres te
ayudo a cruzar
-Bueno, vale, pero promételo
-Prometido
-Recuerdas a Zar?
-Claro! Quién no?
Me llevaba a lomos todo el tiempo,
enorme mastín, la merienda era a medias siempre, pero creo que el no
lo saboreaba, lo tragaba de un bocado
Sí, lo recuerdo, vaya si lo recuerdo,
le contaba que la abuela me reñía y me miraba con cara
de....comprensión? No, es imposible, seguro que son recuerdos de
niña pero en aquella época, hubiera jurado que me entendía
-Recuerdas su olor? No abras los ojos!
-Siiii, olía a cuadra y a barro, a
verdín y a pulgas
-Las pulgas huelen?
-Zar olía como ningún perro, era
especial, se sentaba conmigo en esa puerta que a veces no dejaba
salir, y compartíamos una piruleta, es curioso...el bocadillo se lo
zampaba, pero la piruleta le daba un lametón y esperaba que yo la
lamiera hasta que le volvía a dar, no pedía, ufffffff, de repente
creo tener cinco años
-Y los tienes, sigamos con los olores
A que olía ese momento, cuando te
sentabas con el perro?
-Ummm, a humo, a yerba segada...
-Puedes olerlo ahora?
-Sí,
-Y que mas hueles?
-De repente, recuerdo también otros
olores, la cocina a la hora de la cena, el olor del abuelo, mezcla de
sudor y campo cuando llegaba, de la palangana con jabón...no se que
jabón era, una pastilla deforme y amarillenta, la misma que se usaba
para lavar la ropa en el río, y a mi abuelo, puedo verlo sentado en
el escalón de la sala, esperando que le ayudara a echarle agua
caliente o secarle los pies, él si olía bien
Después se sentaba en la mesa, una
mesa de madera a la que no le vi la forma hasta años después ,
siempre estaba cubierta con un hule, en el que las flores casi se
habían marchitado de gastado que estaba; Mi abuelo miraba como
trajinaba mi abuela y me enseñaba a escribir, a hacer las letras con
una caligrafía exquisita, de esas caligrafías que ya no existen mas
que en los recuerdos, creo que porque tenían tiempo
-Que mas recuerdas?
-Tiempo
-Como?
-Si, tiempo, el que me dedicaba, solo
me mandaba callar a las ocho, cinco minutos que me parecían eternos
porque ...“tenía que escuchar el parte”, luego era todo para mi,
ahora si huelo las patatas fritas y el puñetero chorizo que llenaba
las vigas de humo oscuro, nos sentábamos en el “escañu” y yo me
tenía que poner de pie para girar la “tarabica” y bajar la
mesa...
-Puedo abrir ya los ojos?
-No, espera un poco mas
-Ja, ja ,ja
-De que ríes?
-Minaro me mira
-Quién es Minaro?
-El gato, está escondido en la leñera
y le brillan los ojos, duerme allí, pero solo se sabe que está
porque le brillan los ojos en la oscuridad, él ya cenó, mi abuelo
le puso un platito de leche cuando mecía
Ya empezamos...mi abuela gruñe porque
no acabo la comida
-Y?
-Tengo refugio, mi abuelo me aprieta
contra el y me va dando trocitos y haciéndome señas con el dedo
para que no diga nada y “güelita” no se entere, aunque ahora
pienso, que los dos estaban compinchados y me tomaban el pelo, quedan
dos patatas en el plato, “güelito” dice: probines, tan soles,
con tos los hermaninos en la tripina y elles sin naide pa
jugar....así que me las acababa comiendo, tramposo!
-Que mas recuerdas?
-Si no acabé de cenar! Falta la leche
Un vaso de leche que me tomaba a
cucharadas, pero unas cucharadas especiales
-Por?
-Recuerdo el vaso, el cristal ya no era
trasparente de gastado, tenía unos dibujos geométricos, unas rayas
en la base, no estaba ni caliente ni fría, templada, mi abuelo,
hacía burbujas en el vaso con la cuchara, la levantaba y dejaba caer
la leche en el vaso de nuevo, entonces cogía una burbuja con la
cuchara y me la daba, por dios...que recuerdos!
-Y después?
-Se me escapa la memoria, supongo que
hacía rabiar a mi abuela, ah! No, iba con ella fuera, me costaba
acostumbrarme a la oscuridad y tenía miedo, mas a los sonidos de la
noche que a la oscuridad, ella no me soltaba la mano nunca, mas de
una vez me salvó de romperme los dientes con alguna piedra cuando
tropezaba, tiraba de mi con fuerza y me levantaba en el aire antes de
caer, cuando salíamos tenía miedo, como te dije, sonaba la
“curuxa”, uhh, uhh, uhh, uhh, entonces ella me contaba historias
de las gallinas, de los conejos, de los “xatinos”...o cantábamos
y entonces ya no sentía, ni a la curuxa, ni a los sapos, ni a nada
que hiciera ruido. Cerraba el gallinero y me contaba que era, para
que no entrara el raposu y comiera los pitinos...luego, volvíamos a
casa saltando las piedras, esa si, esa no, pero siempre de la mano
A mi se me había quitado el miedo a
esas alturas y ya no quería entrar, muchas veces nos quedábamos
mirando las estrellas, hasta que salía mi abuelo, unas veces con un
par de chaquetas, y otras....a decirnos: venga “pa dentro que ta
xelando” si era verano! Que iba a helar!
-Ya puedes abrir los ojos
-Ahora me gustaría no abrirlos,
quisiera que estos recuerdos no se borraran nunca.
-No se borrarán si tu no quieres, cada
vez que estés triste, o quieras pasar al mundo de la nada, cierra
los ojos y siente los olores, ellos siempre te van a traer recuerdos
agradables y te van a hacer pensar en lo que quieres y como lo
quieres
-Puede que tengas razón, ya no me
apetece cruzar a ningún lado, quiero ir a mi cama y dejar que las
sábanas me recuerden el olor de las de mi infancia, me despertaba
siempre sonriendo, a ver si mañana sucede lo mismo
-Prueba...
-Oye una pregunta, puedo?
-Si, claro
-Tu quien eres?
-Yo? Aún no lo has adivinado?
Yo soy tu pasado...