martes, 20 de noviembre de 2012

LA NOCHE

Hoy decidí salir a reencontrar la ciudad, mi ciudad, apenas pasaban las diez de la noche, el aire era cálido cuando crucé la puerta de la entrada, y justo en ese momento, se apagaron todas las farolas, dando lugar a un barrio desconocido y sorprendente
Quería ver a la gente llegar a sus hogares, contentos, con hambre de encontrar a su familia y sentarse a la mesa para explicar su día, a los que todavía disfrutaban de la noche, y del partido de turno, agarrados a una cerveza a la puerta de los bares, a los adolescentes que llegaban tarde con la excusa de que habían estado estudiando en casa de su amigo, a los ancianos, que una vez cerrado el local de reunión y de partida de parchís, volvían a sus soledades. Quería ver como era el mundo cuando se tiene tiempo para verlo
En vez de eso, ante mi, se mostraba una calle hostil, oscura, casi negra, por donde solo se oían las hojas secas arremolinarse entre los coches aparcados, en las ventanas que aún tienen luz, se nota amarillenta, como gastada, cansada de alumbrar siempre lo mismo, los pocos que han cruzado la calle, lo hacen furtivos, con miedo al sentir pasos cerca, apenas giran la cabeza cuando meten la llave en el bombín de la cerradura, y entonces parece que respiran, no hay peligro, es una mujer madura, aunque rápidamente encienden la luz tras cerrar la puerta y enfilan a ese mundo personal al final de las escaleras
Los bares no son lo que antaño, dos personas en uno, tres en otro, y el borracho de turno contando historias que apenas se le entienden de como arreglaba él el país, tras la mirada perdida de la dueña del bar, cansada de escuchar, día tras día, una y otra vez, la misma cantinela hasta la hora de cierre.
Hay una parejita, recostada en la esquina de un portal, ella intenta pasar desapercibida, es casi una niña, y no quiere que nadie la reconozca, mientras el chico, intenta de todas las maneras posibles poner sus manos donde le indican sus sueños
No hay ancianos de vuelta, hoy no han salido, o al menos, no vi ninguno, tampoco, adolescentes con excusas, recorrí con la mirada los edificios y no daban sensación de comunidad, demasiado oscuros, demasiado grises, demasiado cerrados; La noche está agradable, hay un viento cálido que invita a caminar, pero ni tan siquiera los amantes de los animales, están paseando a sus amigos de cuatro patas
Decido seguir, porque me niego a formar parte de una ciudad fantasma, en la que todo cobra sentido a golpe de reloj, porque mañana, cuando empiecen a sonar, y todos salgan a la calle, vuelve a tener luz, se oirán risas, llantos, riñas, cotilleos y confidencias, se mezclarán los olores de comida de todas las casas, y los niños, todos extresados por las múltiples actividades extra escolares, no te dejarán pasear en línea recta, hay que esquivarlos en su carrera contra la vida
Mañana, ya nadie se acordará del canto del borracho, o de que el vecino ha perdido el trabajo, todos estaremos demasiado ocupados en luchar contra el tiempo, mientras, hoy, la ciudad duerme y calla, acoplándose a lo que está bien visto
Vuelvo a casa, sin mirar a los lados, poniendo todo el empeño en seguir con la vista fija en lo que pierdo durante el día, vuelvo a casa con la sensación de que lo bueno , no está en la calle, ni en las gente de alrededor, lo bueno de cada día está en nosotros y en nuestras sensaciones
Volví a casa con la lección aprendida, y cuando volvía, también volvió la luz.

lunes, 19 de noviembre de 2012

PASADO

-Debiste ayudarme a pasar el río
-Sí, quizás, pero no sabía que querías cruzar, al otro lado no hay nada
-Que sabrás tu de lo que hay o lo que no hay? Alguna vez fuiste?
-No, nada se me perdió en la otra orilla, está lejos, hace frío y no conozco a nadie que haya cruzado y haya vuelto a contarlo

-Mira alrededor, mira ese árbol, está lleno de musgo, si te paras un momento y respiras, puedes olerlo, cierra los ojos y huele, es ese olor húmedo, verde, de bosque encantado de cuentos de princesas y duendes.
No abras los ojos aún! Siente el aire, hoy no hace viento, pero si te paras a escucharlo puedes sentir como te besa la cara, muy leve, casi imperceptible, y con él, también llegan los olores de otros lados, de otras flores, de otros arbustos, de otros momentos, esos olores que si dejas la mente en blanco, puedes reconocer como olores de la niñez, piensa...aquel bocadillo de manteca que con tanta parsimonia te daba la abuela, con el pan recién sacado del horno, y su olor, mitad harina, mitad calor, porque el calor huele, casi casi, puedes sentir como caen en la manteca los pequeños granos de azúcar que le ponía con cariño, porque el cariño, también huele, huele a ternura, a protección, a amor, recuerda....salir de la casa corriendo con la merienda preparada y nada más cruzar la puerta, bendita puerta que se atasca, y no abre a la primera, para que no tengas prisa, ella, te deja ver el mundo por el cuarterón, pero no te deja salir corriendo, porque antes quiere que huelas el aire de primavera, y cuando traspasas ese muro que te impide jugar con tu amigo preferido, antes, hueles el olor a piedra y madera mojada de la escalera, lo sientes?

-Sí, que recuerdos pero...
-No abras los ojos, imagina que es un juego
-No quiero jugar, para qué?
-Es un momento, después si quieres te ayudo a cruzar
-Bueno, vale, pero promételo
-Prometido

-Recuerdas a Zar?
-Claro! Quién no?
Me llevaba a lomos todo el tiempo, enorme mastín, la merienda era a medias siempre, pero creo que el no lo saboreaba, lo tragaba de un bocado
Sí, lo recuerdo, vaya si lo recuerdo, le contaba que la abuela me reñía y me miraba con cara de....comprensión? No, es imposible, seguro que son recuerdos de niña pero en aquella época, hubiera jurado que me entendía
-Recuerdas su olor? No abras los ojos!
-Siiii, olía a cuadra y a barro, a verdín y a pulgas
-Las pulgas huelen?
-Zar olía como ningún perro, era especial, se sentaba conmigo en esa puerta que a veces no dejaba salir, y compartíamos una piruleta, es curioso...el bocadillo se lo zampaba, pero la piruleta le daba un lametón y esperaba que yo la lamiera hasta que le volvía a dar, no pedía, ufffffff, de repente creo tener cinco años
-Y los tienes, sigamos con los olores
A que olía ese momento, cuando te sentabas con el perro?
-Ummm, a humo, a yerba segada...
-Puedes olerlo ahora?
-Sí,
-Y que mas hueles?
-De repente, recuerdo también otros olores, la cocina a la hora de la cena, el olor del abuelo, mezcla de sudor y campo cuando llegaba, de la palangana con jabón...no se que jabón era, una pastilla deforme y amarillenta, la misma que se usaba para lavar la ropa en el río, y a mi abuelo, puedo verlo sentado en el escalón de la sala, esperando que le ayudara a echarle agua caliente o secarle los pies, él si olía bien
Después se sentaba en la mesa, una mesa de madera a la que no le vi la forma hasta años después , siempre estaba cubierta con un hule, en el que las flores casi se habían marchitado de gastado que estaba; Mi abuelo miraba como trajinaba mi abuela y me enseñaba a escribir, a hacer las letras con una caligrafía exquisita, de esas caligrafías que ya no existen mas que en los recuerdos, creo que porque tenían tiempo
-Que mas recuerdas?
-Tiempo
-Como?
-Si, tiempo, el que me dedicaba, solo me mandaba callar a las ocho, cinco minutos que me parecían eternos porque ...“tenía que escuchar el parte”, luego era todo para mi, ahora si huelo las patatas fritas y el puñetero chorizo que llenaba las vigas de humo oscuro, nos sentábamos en el “escañu” y yo me tenía que poner de pie para girar la “tarabica” y bajar la mesa...
-Puedo abrir ya los ojos?
-No, espera un poco mas
-Ja, ja ,ja
-De que ríes?
-Minaro me mira
-Quién es Minaro?
-El gato, está escondido en la leñera y le brillan los ojos, duerme allí, pero solo se sabe que está porque le brillan los ojos en la oscuridad, él ya cenó, mi abuelo le puso un platito de leche cuando mecía
Ya empezamos...mi abuela gruñe porque no acabo la comida
-Y?
-Tengo refugio, mi abuelo me aprieta contra el y me va dando trocitos y haciéndome señas con el dedo para que no diga nada y “güelita” no se entere, aunque ahora pienso, que los dos estaban compinchados y me tomaban el pelo, quedan dos patatas en el plato, “güelito” dice: probines, tan soles, con tos los hermaninos en la tripina y elles sin naide pa jugar....así que me las acababa comiendo, tramposo!
-Que mas recuerdas?
-Si no acabé de cenar! Falta la leche
Un vaso de leche que me tomaba a cucharadas, pero unas cucharadas especiales
-Por?
-Recuerdo el vaso, el cristal ya no era trasparente de gastado, tenía unos dibujos geométricos, unas rayas en la base, no estaba ni caliente ni fría, templada, mi abuelo, hacía burbujas en el vaso con la cuchara, la levantaba y dejaba caer la leche en el vaso de nuevo, entonces cogía una burbuja con la cuchara y me la daba, por dios...que recuerdos!
-Y después?
-Se me escapa la memoria, supongo que hacía rabiar a mi abuela, ah! No, iba con ella fuera, me costaba acostumbrarme a la oscuridad y tenía miedo, mas a los sonidos de la noche que a la oscuridad, ella no me soltaba la mano nunca, mas de una vez me salvó de romperme los dientes con alguna piedra cuando tropezaba, tiraba de mi con fuerza y me levantaba en el aire antes de caer, cuando salíamos tenía miedo, como te dije, sonaba la “curuxa”, uhh, uhh, uhh, uhh, entonces ella me contaba historias de las gallinas, de los conejos, de los “xatinos”...o cantábamos y entonces ya no sentía, ni a la curuxa, ni a los sapos, ni a nada que hiciera ruido. Cerraba el gallinero y me contaba que era, para que no entrara el raposu y comiera los pitinos...luego, volvíamos a casa saltando las piedras, esa si, esa no, pero siempre de la mano
A mi se me había quitado el miedo a esas alturas y ya no quería entrar, muchas veces nos quedábamos mirando las estrellas, hasta que salía mi abuelo, unas veces con un par de chaquetas, y otras....a decirnos: venga “pa dentro que ta xelando” si era verano! Que iba a helar!
-Ya puedes abrir los ojos
-Ahora me gustaría no abrirlos, quisiera que estos recuerdos no se borraran nunca.
-No se borrarán si tu no quieres, cada vez que estés triste, o quieras pasar al mundo de la nada, cierra los ojos y siente los olores, ellos siempre te van a traer recuerdos agradables y te van a hacer pensar en lo que quieres y como lo quieres
-Puede que tengas razón, ya no me apetece cruzar a ningún lado, quiero ir a mi cama y dejar que las sábanas me recuerden el olor de las de mi infancia, me despertaba siempre sonriendo, a ver si mañana sucede lo mismo
-Prueba...
-Oye una pregunta, puedo?
-Si, claro
-Tu quien eres?
-Yo? Aún no lo has adivinado?
Yo soy tu pasado...