Creo
que no debe ser malo para comenzar el año, hacer un repaso a lo
vivido, ya que la imaginación puede ser bastante mas perversa que la
realidad, y en ocasiones acabamos viendo sólo el lado positivo, o
negativo....según se mire.
El
vagón del tren cambió el destino pero aun no se si a favor o
en contra, sí hubo caballero ( el que dijo la famosa frase “De vez
en cuando, deja pensar al corazón y no a la cabeza”), ante el cual
no caí rendida a sus pies ( si lo hubiera hecho, creo que el
caballero en cuestión no habría puesto ningún impedimento, y
puede que la historia hubiera ido por otros derroteros) pero sí
encendió la lucecita de emergencia, útil en estos casos, para
conseguir ver un poco mas allá de las narices, digamos que el
horizonte se amplía, y la nariz comienza a tener la longitud de la
de Cyrano
Ni torres, ni almenas, ni puertas cerradas, trovadores que canten debajo, aparecen en cualquier momento, otra cosa es, que lo que canten tenga valor; Como estamos además en la era digital, ni tan siquiera hay que mover el dial para cambiar de emisora, con apretar un botoncito sirve, llegó, es cierto, quien cantaba ese verso, pero como en este reino, las princesas abundan, otras que tienen mejores tierras contrataron sus servicios, lo de bailar con la mas fea, suele cumplirse y queda en eso, en un baile. La historia es demasiado extraña y extensa como para explicarla en un momento, no obviaré detalles, se descubrirá con ello, el grado de imbecilidad que podemos alcanzar a veces, aunque si pensamos de nuevo con la cabeza y buscamos el lado positivo, a la mente me llega un refrán " Que me quiten lo bailao"
Ni torres, ni almenas, ni puertas cerradas, trovadores que canten debajo, aparecen en cualquier momento, otra cosa es, que lo que canten tenga valor; Como estamos además en la era digital, ni tan siquiera hay que mover el dial para cambiar de emisora, con apretar un botoncito sirve, llegó, es cierto, quien cantaba ese verso, pero como en este reino, las princesas abundan, otras que tienen mejores tierras contrataron sus servicios, lo de bailar con la mas fea, suele cumplirse y queda en eso, en un baile. La historia es demasiado extraña y extensa como para explicarla en un momento, no obviaré detalles, se descubrirá con ello, el grado de imbecilidad que podemos alcanzar a veces, aunque si pensamos de nuevo con la cabeza y buscamos el lado positivo, a la mente me llega un refrán " Que me quiten lo bailao"
Que
por mayo era por mayo...no, no era eso, pero sí una fecha cercana al
mes de las flores. Recorro la estación con la mirada, intentando ver
lo invisible, pero allí, entre la muchedumbre, nada más hay prisas,
risas y llantos, despedidas y abrazos, teléfonos que suenan y algún
café que queda a medio tomar, porque su temperatura no permite
saborearlo sin perder el tren.
Estoy
de mal humor, muy mal humor, no me apetece volver a la rutina, ni
tampoco viajar al lado de desconocidos, y se, que tampoco voy a poder
dormir. A desgana, bajo los escalones que dan paso al andén, desde
la altura, observo el tren, mi tren, ese que me llevará de nuevo a
sentir otro olor, de otra ciudad, de otras gentes. El revisor se
empeña en explicarme hacia donde me tengo que dirigir, creo que mi
mirada no le dejó lugar a dudas, no necesito explicaciones...
Dentro
del vagón es una locura, los viajeros que intentan acomodar sus
maletas, siempre mas grandes de lo que se necesitan, los amigos y
familiares que suben a despedirse y “ayudar”, el niño que llora,
la pareja que no se suelta ni con agua hirviendo, el abuelo que,
entre la maleta y la muleta no se decide a dar un paso y queda
trabado en mitad del pasillo, la madre que sigue dando consejos, el
que viaja a menudo y pone cara de resignación, y yo, yo, y mi mal
humor. Por suerte mi camarote está vacío, tiro la bolsa encima de
la litera y salgo al pasillo, es pronto, demasiado pronto para
tumbarse en la cama, demasiado pronto para enfadarse aún mas, al no
poder conciliar el sueño. Comienza entonces a perderse la ciudad,
cada tracatá del tren, reduce los edificios unos centímetros y
acerca otros, por la ventanilla se ven luces, y como siempre, intento
imaginar que historias transcurren detrás de cada ventana, que
secretos tienen, y que hacen ahora, a mi paso, y como siempre
también, otra luz, otra ventana llama mi atención antes de que
pueda imaginar que ocurría en la anterior
Me
pongo los auriculares, y conecto cualquier emisora, lo que deseo es
dejar de oír el tracatá, tracatá del tren, empiezo a perderme en
los sonidos de la radio....maravilloso medio que une personas,
sensaciones, soledades, que te puede hacer llorar o reír, el poder
de la palabra, esa que igual te eleva que te hunde, y que como el
mar, también tiene ondas, el poder de la información o de la
desinformación, todo cabe, en esa pequeña pero gran comunicadora,
caja portátil. Como las desgracias nunca vienen solas, alguien me
pregunta algo, hay mas gente, ¿porqué a mi?, yo estoy ocupada, ¿no
lo ves? Insiste y no me queda mas remedio que quitar el auricular.
-Perdona, ¿sabes donde está el vagón restaurante?
-Uffffffff, creo que a tu derecha, al fondo, me quedé con las ganas de decir: al fondo a la derecha, como todos los lavabos...
Sorpresa!
El revisor, acaba de oír la conversación, y diligente indica que
está justo en sentido contrario, mirada terrorífica hacia mi
persona, pido disculpas y me meto en el camarote, siempre llevo
lectura. No había leído ni dos páginas, mi gozo en un pozo, un
pasajero abre la puerta, es una chica, me quedo petrificada, los
camarotes son de seis literas, la chica se desnuda, queda nada mas
con la braguita, cierra las ventanas, se mete en la cama y...apaga la
luz. Estoy leyendo... mi bombilla individual no funciona...son las
nueve y media...De repente trato de pensar con lógica si la asesino
allí mismo, o salgo a que me de el aire, creo que la segunda opción
es mas correcta, así que, al pasillo de nuevo
Hay
dos personas fuera, el de la pregunta y otro, mi cara debía ser un
poema, porque nada mas verme, pregunta:
-¿Ha
pasado algo?
Desde
la indignación, intento explicar mis instintos asesinos en ese
momento
-Anda,
ven, te invito a un café, ya se donde está el bar
Acepto,
no tengo nada mejor que hacer, el bar estaba concurrido, casi no
había sitio, poco a poco, el desagradable personaje de antes, me
está haciendo olvidar que estoy de mal humor, charlamos de música,
películas, libros, política y todos los temas a los que se recurre
cuando se conoce a alguien, han pasado casi dos horas, la charla es
amena, pero yo soy fumadora y está prohibido.
-Ven,
en las plataformas de los vagones no se dan cuenta
Los
finales de los vagones están mas concurridos que la entrada del
Bernabeu en día de partido, me estoy poniendo nerviosa, muy
nerviosa, tanto que ya se empieza a notar en mi estado de ánimo y
sobre todo en mis uñas, ya no tengo que morder, poco a poco la gente
va marchando cada uno a su lugar
-
¡De verdad! me va a dar algo
Lo
siguiente que recuerdo, es algo que tira de mi, y me encuentro dentro
del lavabo de un tren, con un hombre que acabo de conocer y que se
está liando un cigarro, no doy crédito y mi nerviosismo sube por
momentos, el lugar es estrecho, pequeño y huele mal
-Tranquila,
no te voy a hacer nada, además tan solo tendrías que gritar, fuma
tranquila, aquí no nos ve nadie
Un
poco mas relajada, voy dando caladas hasta que se acaba el pitillo,
él, también acaba el suyo y nos disponemos a salir del baño,
y....ese convenio que tengo yo con el sr. Murphy, hace que la
plataforma se haya llenado de nuevo de gente a las que las
necesidades fisiológicas les han hecho dar un paseo a estas horas,
todos intentan abrir, a pesar de que el pestillo se cambia a un color
rojo llamativo que dice ocupado, algunos lo intentan con insistencia,
ante esto, y viendo, mas bien, presintiendo por las conversaciones
que se oyen afuera, que no piensan irse hasta que abramos, decidimos
esperar, ya cansarán, además ¿quien es el guapo que explica que un
hombre y una mujer tan solo estaban fumando en el baño de un tren
muertos de risa? Mientras fuera, espera una mujer, que
insistentemente intenta abrir, con un lapso de unos 20 segundos,
entre aporreo y aporreo, hasta que digo en un tono bastante hostil,
hay otro baño, ¡está ocupado!, sus pasos me hicieron pensar que, o
bien, mi tono no era de su agrado, o emprendió rauda huida para
alcanzar el baño, al otro extremo del vagón, antes que tuviera que
rebuscar entre las cosas de su maleta, alguna prenda de repuesto.
Tímidamente,
el hombre (como no..) va desplazando el pestillo hasta que gira del
todo, despacio, sin saber muy bien, si al abrir, encontrará una masa
enfurecida con las manos en la entrepierna, pero no, no hay un alma,
salimos como si se huyera de un incendio, atropellados, aguantando la
respiración, para contener la carcajada que nada mas traspasar el
umbral, se convierte en sonora, alguno de los que tienen el sueño
flojo, aún hoy, deben recordar, que entre sueños mentó, a mas de
uno de nuestra familia. A partir de aquí, la conversación se
convierte en algo mas fluido, mas profundo, sin llegar a intimidades,
cada uno explica al otro, que anhelos, que sueños se cumplieron y
cuales quedaron en el camino, no se, cuanto yo dejé entrever, o
cuanto sabía el hombre leer entre líneas, así, minuto tras minuto
y hora tras hora, sin dormir, llega a su destino, el revisor pasa a
avisar que debe bajar en la siguiente parada, son las seis de la
mañana, y parece que hace unos minutos, hayamos subido. Cordialmente
nos despedimos con dos castos besos, uno en cada mejilla, mientras
vemos las luces de la estación, y el tren hacer ese sonido silbante
pssssssssss, hasta que al fin se detiene. Con una mochila a medio
colgar, desde el andén ya, y a punto de que arranque de nuevo, me
abofetea con una frase, “De vez en cuando, deja pensar al corazón
y no a la cabeza” y el tren arranca de nuevo. Me doy cuenta, que ni
tan siquiera se como se llama, tampoco el sabe mi nombre, ni el
teléfono, ni nada, los dos teníamos por seguro, que ni la
casualidad haría que nos encontráramos de nuevo. Se ha pasado mi
mal humor, y no dejo de dar vueltas a la frase, ¿ que quiso decir? ¿
tengo algo que cambiar? ¿ Porqué dijo eso? ¿ que vio? ¿ que
intuyó? ¿ que pasa con mi vida?
Mi
tren se para, pssssssss, esta vez, es mi destino, mi ciudad y mi
casa, las que me esperan en cuanto baje las escaleras, atrás queda
una noche de risas y pensamientos, de confidencias y sueños, de
ilusiones y nostalgias.
Pasan
los días, y no me concentro en nada, ni en el trabajo, ni en la
casa, ni en los hobbys, en nada, porque a cada momento, sin saber
como, ni por qué, aparece resonando en la cabeza una frase: “De
vez en cuando, deja pensar al corazón y no a la cabeza” hasta que
un día, no recuerdo cuando, escucho por primera vez al corazón, lo
que me dice no me gusta, ¿ que pretende ese órgano que haga? ¿Que
deje atrás lo conseguido en una vida? ¿ Que haga lo que realmente
siempre quise hacer? No es nada fuera del sistema, ni va a poner al
mundo en mi contra, la decisión es difícil, siempre que se cambia
algo, hay una parte que sale mal parada, en ocasiones todas las
partes salen mal paradas, pero en este momento es la correcta, no
quiero pasar lo que me queda de vida, con el pensamiento de no
haberlo intentado, de no haber luchado por los sueños, de no ser yo,
para ser quien desean los demás que sea
Y
en ello estoy, peleando por quimeras, pero las mías, intentando
sobrevivir con la mayor dignidad posible, y pensando, que ojalá no
hubiera necesitado que alguien, en un tren, me dijera: “De vez en
cuando, deja pensar al corazón y no a la cabeza” porque eso
querría decir, que mucho antes lo hubiera escuchado, y si escuchamos
al corazón, si conseguimos oír su tac, tac, tac, entonces, estamos
vivos, dejamos de ser piernas andantes que van y vienen a ningún
lado, perdemos un poco, sin llegar a dejarlo del todo, el grado de
imbecilidad asociado a cada uno al nacer, y entonces, sólo entonces,
comenzamos a vivir.
Muchas
veces al ver escritos los pensamientos, nos hacen reflexionar sobre
ellos, y muchas veces también, lo escrito, tiene la virtud de
hacernos entenderlos, porque si dejamos que el corazón nos guíe,
hay que dejar un resquicio de cordura y dar un poco de tregua a la
cabeza. De esta forma, como si de una balanza romana se tratara, las
fuerzas se equilibran y comienzan a tener sentido los pronombres
personales, yo, tu, el, nosotros, vosotros, ellos...Y el mundo
continúa girando, pero esta vez, en el sentido correcto

